Cada día deconstruyo los sueños de ayer, de la semana pasada, del último lustro, para volver a refundirlos con señales que se han encendido al albor del nuevo día. Un aniversario personal viene impregnado de vértigo e ilusión; porque la casa está construida y ya hemos cerrado aguas, ahora la vamos decorando con la pena y la alegría, como las piedras y las flores del camino.
Cada día descubro que rozamos la asepsia hasta el infinito, que lo personal está mal visto, que lo que mueve la ruleta de la fortuna es lo impersonal, lo transparente, lo cómodo; esperamos una tormenta sin lluvia, una ola de mar sin espuma, un silencio sin espacio para escucharlo. Y entonces exigimos que algo nos emocione, que algo sea real, realista, incómodo, pero siendo distantes e incólumes del sabor, del olor, del tacto, del sonido y del equilibrio; que solo nuestros ojos decidan si el esfuerzo de impregnarse corresponde a lo que podemos conseguir. Nunca se ha descubierto el final del camino sin haberlo recorrido, porque lo que te cambia no el destino si no el camino.
Cada día somos más escuetos, queremos ser más concisos resultando ser más dispersos, donde nada tiene sentido hasta que descubres que nada es blanco o negro, positivo o negativo, dulce o amargo. Que cada día hemos de encajar en nuestro quehacer un silencio y un grito, un aplauso y un abucheo, una bocanada de aire fresco y un picor en aquella parte más caprichosa donde molestar.
Cada día tienes motivos para vivir sin ayer y sin mañana.
y tu qué bonito eres...
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