Hombre en construcción: Cada día (6)

miércoles, 26 de agosto de 2015

Cada día (6)

Cada día he tenido que vivir; construir mis escritos entre miserias y obligaciones; sin tiempo para ensimismarme con el ombligo (o con la luna) mientras me venía la inspiración. Con la obligación inexcusable de que no vives solo, como una isla, sino que eres el cruce de caminos de todos aquellos que por tu vida pasan. Cuando oigo a un escritor que vive de lo que escribe decir que con esfuerzo y constancia todo aquel que valga conseguirá ser reconocido, algo rebosa el limite de mi paciencia y quiere salir a trompicones.

No entiendo lo creativo sin esfuerzo y constancia, pero, digamos, que el esfuerzo de alguien que se levanta y se pone a “trabajar” en su casa, en su mesa, en su habitación aislada, en su mundo onírico de relatos y poemas; sin otro agobio que el de mejorarse, el de la fecha de entrega comprometida, el de la próxima firma o presentación mil veces repetida, el de escoger el tempo y la sonoridad de su discurso, es algo diferente de la práctica totalidad de escritores “amateur” que tienen que hacer lo mismo cuando terminan sus trabajos para sobrevivir.

No es un problema de envidia, es de incomprensión (al margen de la escritura) de lo que uno vive a de lo que uno desea hacer con su vida. Sin saber si alguna vez su deseo y su realización práctica coincidirán en el tiempo. Escribir no es apretar tuercas, es mas bien extraer trozos de tus sentimientos (que duelen) y ponerlos reflejados en un personaje o una acción; porque en el fondo todos los que escribimos, solo lo hacemos de aquello que sentimos, bien sea este un asesino justiciero o un triste payaso.

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