Hombre en construcción: ¿Qué necesito?

martes, 23 de octubre de 2012

¿Qué necesito?

¿Qué necesito? Una pregunta tan simple, no tiene ni mucho menos una respuesta sencilla, ni tan siquiera una sola respuesta. No hay que confundirse con la otra expresión de moda: ¿qué quiero? Desde luego necesitar y querer no son anhelos que se sitúen cerca. En la mente de cualquiera tenemos muy claro lo que queremos y lo que necesitamos: esto último siempre como un mínimo de supervivencia. No ocurre igual cuando en juego entran nuestras aspiraciones inmateriales, nuestros deseos espirituales, especialmente aquello que nos motiva como seres humanos. Cuando lo que necesitamos no es tangible, sino que es inaprensible, es síquico, no tiene norma o forma, no tiene pautas, ni reseñas de otros que nos puedan guiar; cuando lo que necesitamos es satisfacer lo más profundo de nuestro ser. Entonces es cuando todos estamos perdidos y exclamamos, implorando para que alguien nos ilumine, ¿qué necesito?



Claro que hay gente que no tiene esta necesidad: la de ser feliz con lo que surge de dentro de tu corazón. A esta gente no me dirijo: estos creen satisfacerse con acumular riquezas, fornicar para batir alguna marca, ansiar el poder o justificar su apariencia.

Me refiero a ti y a mí, a los que sufrimos si estas lineas no nos salen bien; a los que lloramos con el final tonto de una película; a los que nos quedamos pasmados ante la expresividad de un cuadro o de un paisaje en la naturaleza; a los que admiramos a aquellas personas que entregan su vida por ayudar a los demás; a los que nos indignamos ante la miseria que concede esta sociedad a la inmensa mayoría repartiendo limosnas entre la minoría (y lo llaman estado del bienestar). Somos personas que necesitamos saber que no somos meros animales produciendo y reproduciéndonos.

Por tanto, preguntarnos ¿qué necesito? Es algo más que una simple pregunta para avanzar o crecer, es ante todo una forma de vivir. Es la primera necesidad para saber cómo queremos vivir.

Lo primero que debemos saber es quiénes somos, dónde estamos, cuales son nuestras posibilidades y nuestros limites (al menos aproximadamente). Porque somos animales pequeños, poco hábiles y con grandes limitaciones, que si, por ejemplo, queremos conseguir una medalla olímpica con sesenta años, estaríamos fuera de la realidad, como un Dédalo loco con su alas de cera acercándose al sol. Lo segundo, y más importante, es que nada en esta vida va a resultar fácil o gratis (si así lo consigues no te va a servir para nada). Todo debes construirlo, mantenerlo y hacerlo crecer. Es igual que si quisieras pasar un río que te impide tu camino y fueras a una tienda a comprar un puente hecho y a la medida.

Nada de lo que de verdad te satisfaga en esta vida te va a resultar fácil. Tendrás que parirlo muy pequeño, casi insignificante. Ser constante en hacerlo crecer, desarrollarse, ocupar cada vez más espacio en tu vida. Modificar y adaptar ese proyecto a lo que la experiencia te va enseñando. Y cuando fracases, porque fracasarás, dar gracias por lo que vas a aprender. Entonces, en plena frustración, verás de que estás hecho. Porque comprenderás si te levantas o no, si sigues o no, si has perdido la ilusión o no. Si analizas sin derrotismos que solo es una pequeña parte de tu trabajo donde te has equivocado y que rectificar no es solo de sabios, sino de personas que saben vivir. Y si tu fracaso te impide seguir ese proyecto concreto, no te olvides que el proyecto que siempre existe y que siempre puedes rectificar hasta el final de tus días eres tu mismo. Por tanto si nos preguntamos ¿qué necesito? Lo que necesitas es que creer en ti mismo, quererte a ti mismo y conocerte a ti mismo. Lo demás son detalles que nadie mejor que tú podrá soñar.

3 comentarios :