Hombre en construcción: La Decisión

jueves, 31 de enero de 2013

La Decisión

A lo largo de nuestra vida tomamos muchas decisiones; las mas de las veces sin tener en nuestra mente las consecuencias de las mismas. Sin ser conscientes de qué nos jugamos con ello. Decisiones que son importantes por su transcendencia, pero para las que en realidad apenas tenemos margen de maniobra. ¿Cuántas decisiones importantes tomamos en nuestra vida? Dos, tres, cuatro... cinco. ¿En cuántas realmente tienes opciones?

La mayor parte de la gente no elegimos pareja porque resulta imposible; no puedes convivir con una persona unas semanas o unos meses (si es que este tiempo es suficiente) y comprobar si te gusta en su carácter, y si no te gusta entonces probar con la segunda persona que tenías en la lista (¿esperándote?).No escogemos casa, escogemos la que podemos pagar; no escogemos a los vecinos, tienes los que te tocan; no escogemos trabajo, escogemos el que nos parece mejor dentro de lo que podemos aspirar (aquí nos pasa como con las parejas); no escogemos amigos, escogemos con los que satisfacemos nuestra necesidad de comunicar, de socializar... en algo. En realidad en todas las decisiones importantes de nuestra vida apenas tenemos opciones.
Es entonces, cuando algo no nos sale bien, cuando de la forma más simplista, decimos: ¡Qué mala suerte he tenido! Y refiriéndose al conocido, al amigo, al familiar, al vecino... ¡Qué buena suerte ha tenido! Y nos machacamos por ello, haciéndonos responsables (o como decimos: culpables) de aquello que nos ha ocurrido ¡cuando estábamos ofreciéndonos al libre albedrío de la suerte!
El ser humano es un animal pequeño, muy pequeño. Y creer que puedes sugestionar-dirigir-movilizar a los cientos o miles de personas con las que te relacionas y que condicionan tu vida es de ilusos. No somos una isla, incluso intentándolo intencionadamente. Nuestra respiración hace de mariposa aleteando en las vidas de quienes nos rodean: sus exudaciones alteran nuestro humor, tus suspiros sus angustias, sus silencios tu intranquilidad, tus miedos su suspicacia, sus ilusiones tus energías, tu sonrisa sus sueños.
¿Eres consciente dónde estás, consciente del mundo donde habitas?
No puedes esperar que si saliste de un olmo des peras, y saliste de un peral des sombra. No es más importante la sobra que la pera, ni la pera que la sombra. Lo más importante es la vida que te rodea. Y si resulta que das sombra, le vendrá muy bien al agricultor que cuida del peral; y si das peras, le vendrás muy bien al agricultor que tuvo energía para plantar un olmo con el que disfrutar de la sombra. No importa lo que seas en la vida, lo que importa es que seas tú.
Y ¿para ser tú de qué hay que ocuparse uno?
De las decisiones. No de las decisiones que creemos modifican nuestra vida: estás vendrán rodadas en su tiempo y forma, y lo que habrá es que estar preparados (entrenados) lo mejor posible. Habrá que ocuparse de las pequeñas decisiones de cada día. Porque cada día tomamos decenas o cientos de decisiones a las que no prestamos demasiada atención; estamos intentado perder peso y tras una comida perfecta nos tomamos un bombón que la echa a perder, tenemos un examen importante y nos rezongamos en la cama una hora más, estamos aburridos y solos y no llamamos a un amigo porque hay que ducharse y vestirse y salir a la calle, nos gustaría dejar de fumar y no somos capaces ni de ponernos el chándal a estreno que tenemos en el armario, caminamos por la calle y no nos sorprendemos por el paisaje o el paisanaje, etc.
Curiosamente la mayor parte de estas decisiones “automáticas” re refieren al pasado o al futuro, muy pocas al presente: no decidimos cambiarnos de acera porque en la otra hace sol, ni nos fijamos en la belleza de alguien que pasa por nuestro lado, no es indiferente la mezquindad que observamos, o lo acogedora que es la lluvia tranquila dando un paseo bajo un paraguas, y no apreciamos la dignidad de una señora mayor maquillada y arreglada para ir a ninguna parte.
Y las peores decisiones instintivas las tomamos hacia nosotros mismos: no nos perdonamos habernos equivocado ¡el que no se equivoca es porque no lo intenta!; no parece que tengamos derecho a volver a ilusionarnos ¿acaso queremos estar muertos?; no nos perdonamos no ser como los demás ¡todos somos diferentes!; no queremos perdonarnos.
Me preguntaba un amigo cómo saber qué decisión tomar y en qué momento. En el momento que te haces esa pregunta es una decisión que tomaste, y parece una buena decisión porque denota curiosidad, y está motivada porque estás aquí ahora, preguntándote qué hacer. Si cada vez que vas a tomar una decisión eres consciente del aquí y del ahora, te vas equivocar seguro, pero vas a acertar muchas más veces que si no lo haces.
Somos el resultado de nuestras pequeñas decisiones que tomamos cada día, esas decisiones son el entrenamiento necesario para las grandes decisiones de tu vida que vendrán sin forzarlas. La felicidad, que es la obligación moral que todos tenemos, se alcanza asumiendo y comprendiendo la imperfección de la estamos rodeados y de la que estamos formados. Si olvidar que es la imperfección y los errores que por ella cometemos los que nos hace aprender a ser felices.
El amor, que es el máximo exponente de la felicidad y que no se adquiere como si fuera un plano detallado, se consigue de una pequeña decisión que se hizo grande a base de repetirla cada día.

1 comentario :

  1. Uy, qué bonito final¡¡¡ Está bien lo que cuentas y apetece darle un poco más de cuerda. Me ha recordado a la cuestión esta de: ¿qué haces para ser feliz? Tomar decisiones. Y la decisión de sonreir cada mañana es casi la más importante. Gracias por decidirte a escribir y hacerlo así, amigo. un besazo
    Maria

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