Hombre en construcción: ¡Qué pena!

jueves, 10 de enero de 2013

¡Qué pena!

Si como dijo Einstein, y yo no me atrevo a refutarle, hay dos constantes en esta vida: la velocidad de la luz y la estupidez humana. No llego a imaginarme la cantidad de impresentables que se pueden acumular en el universo, si según investigadores astronómicos, y tampoco me atrevo a rebatirles, hay 17 mil millones de planetas similares al nuestro, solo en nuestra galaxia.

Definición de sociópata del diccionario Wikipedia: “Los sociópatas son personas que padecen un mal de índole psiquiátrico, un grave cuadro de personalidad antisocial que les hace rehuir a las normas preestablecidas; no saben o no pueden adaptarse a ellas. Por esto que, a pesar de que saben que están haciendo un mal, actúan por impulso para alcanzar lo que desean, cometiendo en muchos casos delitos graves.“.
No se trata aquí de presentar una adivinanza, pero... ¿Quién critica la inmoralidad de un competidor, pero no reconoce su propia inmoralidad? ¿Quién nos pide paciencia con sus decisiones y son inflexibles con las decisiones de los demás? ¿Quién decide cobrarnos un euro por receta médica y a la vez se auto denuncia por cobrar ese euro? ¡Y luego quieren que la gente los respete, y sea paciente, y crea en sus consignas para salir de esta crisis!
400 cargos públicos elegidos en listas cerradas están imputados en casos de corrupción, y siguen en sus cargos apoyados por sus respectivos partidos. ¿Dónde está la justicia no politizada para agilizar los juicios?
Hay estúpidos que cuando estaban en el gobierno no apoyaban las peticiones más simples de la ciudadanía, y ahora que están en la oposición sí dicen defenderlas.
Hay estúpidos que cuando estaban en la oposición decían que un 20% de paro y una prima de riesgo acercándose a los 300 era la destrucción del país. Ahora con un paro del 26% y una prima de riesgo que ha llegado por encima de 600: “las medidas van surtiendo efecto.”.
Hay estúpidos que en vez de aprovechar la coyuntura de desprestigio de sus contrincantes, se dedican a alimentar su ego en la lucha por el poder de su propia formación.
Pero lo más grave es que hay personas que siguen el juego a estos sociópatas, y esperan con la estupidez reflejada en su cara: que la independencia solucione la estafa de la crisis económica, la declamada verdad de su líder tuerza el brazo al poder del mercado, la petición de perdón de sus ideólogos conmueva a sus votantes perdidos, que el hecho de declararse diferentes, no hace de los “salvadores” de la patria realmente diferentes.
Son sociópatas aquellos para los que no hay más salida que despedir a gente, pero mantienen sus muchos cargos de confianza; hay que ayudar a los bancos (pobrecitos) y estos les perdonan lo créditos que les han concedido. Criminalizan al que sale a la calle a protestar, pero para ellos, pillados con las manos en la masa (léase en la caja) hay que respetar su derecho a la inocencia (ya se encargarán de que les apliquen la indulgencia sus jueces correligionarios).
Lo peor, lo que más me preocupa, no son los sociópatas; son aquellos que creen en estos criminales sin condena, pensando que pueden ser salvadores de la sociedad que ellos mismos han destruido.
A los sociópatas solo les interesa su objetivo y este no es otro que el puesto (y el sueldo que conlleva), el prestigio de ser un prócer de la patria y que les hagan cuadros y estatuas, mientras el 99% de la población pagamos sus desmanes, hechos y consentidos, sin recato.
Os habéis preguntado si estos sociópatas que dicen gobernarnos ¿ganarían más sueldo en la empresa privada que su puesto de la administración? Desde luego que no. No son personajes de éxito. Son los que en clase, cuando éramos jóvenes eran los pelotas, los estudiantes torpes, los que aprobaban pero nunca despuntaban en nada. Los mediocres que buscan la satisfacción por la ostentación: ¡que estúpidos!

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