Cada día a alguien se le ocurre la idea mezquina de levantar un muro donde solo existe una arbitraria delimitación administrativa; un reparto de poder entre gobiernos que no respetan los derechos más elementales, aunque sí se preocupan porque unos pocos ciudadanos tengan las facilidades de la impunidad.
Cada día se levanta un muro y con ello creen solucionar el hambre de la gente, los gritos de desesperación de las victimas civiles de las guerras, el miedo a ser diferente de quien ejerce la ignominia. Un muro nunca ha solucionado nada: la Gran Muralla no impidió los ataques a la China imperial medieval, como el Muro de Adriano no impidió que Roma perdiera Britania, como el Muro de Berlín no impidió las ansias de libertad de la Alemania comunista, igual que el muro de Palestina no les sirve ni les servirá a los israelitas para conseguir la paz. Es retrogrado querer levantar fronteras entre personas que no tienen nada que les enfrente; nada que les divida, salvo que viven en distintos puntos del planeta. Es el descontrol capitalista, la dictadura del dinero que se nos impone a todos los habitantes por igual, la que trae a sus fronteras a gente con ansias de libertad. Peor es todavía el que se queda en su país y allí es convencido para una guerra en la que lo único que va a conseguir es la muerte: suya y nuestra.
Cada día hay que pensar si estamos levantando un muro que no soluciona tus problemas sino que solo es la escusa para que un salva patrias siga en el poder.
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