Hombre en construcción: El silencio del amor

miércoles, 4 de marzo de 2015

El silencio del amor

Dijo el autor de El hombre que fue jueves, Chesterton, que el silencio es la réplica más aguda. Seguramente tendría razón el simpático de Chesterton. Lo que no sabría decir sobre qué tenía razón.
Porque, si el silencio es tu replica, solo sabemos que eso que te acaban de exponer no estás de acuerdo; o bien, todo lo contrario, que como estás de acuerdo no tienes nada que añadir. La verdad es que el silencio, será algo más que callarse o que conseguir aislar tu entorno para escucharlo.

El silencio más evidente de nuestro tiempo es del miedo ¡cuántos silencios genera el miedo, cuántas palabras se quedan mudas por miedo! Aunque hay un silencio más perverso que este, es el silencio del que miente; porque el silencio también es no decir. Y a veces se hace mucho daño con lo callado. Y existe, como no, el silencio del ruido: hay tanto ruido que tu cerebro no disgrega toda esa información que llega y que te hace escuchar un silencio aparente, como un zumbido de fondo.

Pero el silencio más peligroso es el eco de tu voz. Ese que nunca quieres oír, porque sabes que si lo oyes es que nadie te está escuchando, que estás solo, que de tus palabras se extinguirá en el aire la vibración que las hace sonoras. Y tú, como el eco de tus palabras, te apagarás, te morirás, aunque tu cuerpo siga latiendo y te entierren, tal vez, muchos años después.

Hay un silencio, sin embargo, que te salva de todo, que vence a todos. Hay un silencio que incluso puede con el ruido, con la distorsión de tus elocuciones que en otros producen eco; si disfrutas de ese silencio, simplemente vives hasta el último segundo que tu cuerpo siga latiendo: el amor. El silencio de dos miradas que se encuentran, de dos manos que se agarran, de dos bocas que se buscan.

Creo que tiene razón Chesterton: el silencio, del amor, es la réplica más aguda.

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