Hombre en construcción: Sinceramente

jueves, 16 de mayo de 2013

Sinceramente

Me siento un fracasado. No he conseguido ninguna de las metas que por mi edad y experiencia debería haber alcanzado. Y dejar de lado estos objetivos, para perseguir otros, me ha traído más angustias que satisfacciones. Creo que no tengo nada en la vida que pueda decir con orgullo: lo dejo a la posteridad.
Me siento amado y eso me consuela para no desembocar en una situación destructiva, de la que me mantengo a salvo gracias a ese amor. Tengo un trabajo estable; pero no creo que sea una suerte estar encerrado en una jaula de oro. Porque nada es gratis en esta vida: tener la libertad de hacer implica no tener seguridad; tener seguridad supone no tener libertad de acción. Creo que el destino me puso en mi camino un trabajo y un sueldo porque sabía que soy un negado para esos aspectos de la vida, aunque el precio fue quitarme las alas. Me dicen que soy un desorganizado... y no les falta razón; sobre todo si pensamos en términos estadísticos: no tengo una vivienda estable, no tengo una vida estable, no soy un ejemplo estable para nadie, y todas aquellas cosas que se consideran importantes yo las tengo a medias: aún por llegar. Sin embargo, me quieren, sí, me quieren... porque en el fondo soy un bueno que provoca compasión con sus sueños de vigilia. Ya sé que escribo y que a la gente que me lo dice (luego están los que no dicen nada) les gusta lo que escribo. Sí, es verdad, pero sabéis, cuando escribo estoy solo. Cuando me enfrento a mis fantasmas psicológicos en la escritura estoy solo, por eso soy tan afectivo (tan cariñoso, me dicen) porque en el fondo tengo miedo de sentirme solo ante mis fantasmas.
Cientos de veces he oído decir de mí: “es un tipo inteligente”. No creo que ser un idealista sea inteligente (tampoco lo es ser un oportunista o un sinvergüenza). Ser inteligente es no jugarme la vida que me queda por venir a blanco o negro, a sí o no, a todo o nada. La inteligencia será un equilibrio entre sembrar y recoger. Es evidente que no sé sembrar.
Podría no preocuparme por el futuro, no pensar en el pasado, solo descubrir el presente. No dejar que el abatimiento o la desesperanza me venzan. ¿Es verdad? ¿Se puede no pensar en el pasado ni en el futuro? ¿Existe una preocupación excesiva en mirarme en un espejo, siempre deforme, de mi subjetividad? ¿Soy yo, eso que pienso de mí, o soy lo que me dicen que soy? ¿Se puede ser uno mismo al 50%, o hace falta el 80% en adelante? ¿Podremos ser alguna vez ser nosotros al 100% o somos nosotros desde el 1%?
Creo que en el fondo no somos lo que hacemos o lo que podemos hacer, no somos lo que perdimos o lo que anhelamos, lo que fuimos o lo que somos, tampoco lo que podamos ser: somos lo que nos sentimos.
Sinceramente... ¿qué soy?

2 comentarios :

  1. Genial,genial Enrique.Me doy el gusto de usar el plural, te hemos echado en falta. Adelante, siempre. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Amigo enrique, debe ser la primavera lo que nos hace estar dándole vueltas a lo quqe somos o lo que dejamos sin hacer. Yo también me plantee un post así como el ti¡uyo, y lo titulé "¿tiempo perdido?" porque me dio la sensación de que había tirado como veinte años o más a la basura. empezaba diciendo "Me parece que tiré veinte años de mi vida haciendo el pena cada 50 minutos."
    Pues... no puedo afirmar que no siga pensándolo, pero he tenido la puñetera cabezonería de mirar a otra cosa de mí.
    No soy lo que siento, que eso cambia cada primavera. Soy lo que quiero hacer.

    ResponderEliminar