Me acabo de enterar de que una persona que trabaja de periodista, cobraba bajo cuerda por escribir discursos a un importante político, y a la vez, en el periódico donde desempeña la profesión, alababa esos discursos del político de los que tenía, obviamente, profundo conocimiento.
Éste, llamado a si mismo periodista, se comporta en el juicio con “tranquilidad y una sonrisa”, según sus propias palabras. Se siente seguro de que otras personas, mucho más importantes que él, tienen más manchas que esconder. Que esto es algo generalizado, que él no va a ser un chivo expiatorio porque tiene mucho que decir.
¡Ignorante!
Los perros, los que tenemos para que cuiden la casa, no suelen comprender que su labor se limita al absurdo ladrido que solo sirve para asustar. Y que si por desgracia la suerte no le depara un dueño comprensivo, en cuanto cometa el más mínimo error se deshará de él inmediatamente.
Lo cínico ha tenido sus épocas de buena imagen porque estaban al margen de lo establecido; era, por decirlo de alguna manera, enfrentarse a la decadencia que toda sociedad arrastra. Era divertido criticar a los poderes retrógrados, que como todos los poderes no lo pueden evitar, y ofrecer una alternativa de aparente cambio de esas falsedades. En realidad solo esperan a que se quiten los que están para ocuparse ellos, los cínicos, de ejercer la corrupción.
Lo que me sorprende, supongo que seré un crédulo, es ver con la impunidad con la que ahora aparecen los cínicos que nos toca sufrir. No les importa que se conozca su doble moral, ni sus añagazas de miserables, ni sus vergüenzas impúdicas de falsos paladines de la razón. ¡Porque todos roban! Dicen.
¿Es que acaso son los falsos periodistas los únicos cínicos oficiales? Desde luego que no. Los políticos que se apuntan a la carrera electoral para “resolver” su vida económica. Los falsos empresarios que anteponen el beneficio a cualquier otra razón moral. Los falsos representantes sindicales que se ofrecen como defensor de los trabajadores, con la intención de disfrutar de sus “horas sindicales”. Los falsos vendedores de ilusión de las religiones, para incautos que necesitan que les digan que pensar. Los gurús de la economía que no ven personas en paro cuando hablan de recortes, que no ven el hambre cuando quieren controlar el mercado, que no ven millones de muertos cuando defienden la guerra para salvaguardar las inversiones propias.
Son buenos tiempos para el cinismo. Apúntate a algún tipo de chollo que te resuelva la vida y buscate un enemigo claro; y sobre todo ódiale, odia a tu enemigo: a los socialistas, a los fachas, a los empresarios ladrones, a los sindicalistas vagos, a los que van contra la ley de mi Dios, a los que manejan a la gente con la religión, a los maricas, a los machistas, a los intolerantes, y también a los tolerantes porque no hacen nada.
Yo me encuentro perdido. Así que intentaré dar mi opinión y ofrecerme para pensar y dilucidar qué hacer. Para aquel que quiera aquí estoy.
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