Ha tenido que salir el Ministerio de Industria a decir qué es un informativo y qué no lo es. Curioso que no haya sido Cultura o Educación. Tal vez debieran haber realizado una consulta a la Real Academia, para que dictaminase qué se entiende por ser riguroso en la información trasmitida (aunque opinable) y qué no informa de nada y en todo caso no son noticias de interés general.
A partir de ahora (si a un caso no lo estaba) queda claro que el clan de Belén Esteban y los flecos a su alrededor no son informativos, son en todo caso crónica social de irrelevante valor como noticias.
No sé si el Ministerio de Industria ha hecho bien, porque esta directiva lleva incluido que los espacios considerados informativos no pueden llevar publicidad ni patrocinio. Si las cadenas no pueden rentabilizar a informadores y reporteros con la publicidad, su inversión en estos programas se resentirá. Al contrario, si los programas del corazón pueden publicitar todo cuanto quieran, tendrán la financiación que les haga falta, pues están aseguradas las saneadas cuentas de resultados.
No sé, sinceramente no lo sé. No quiero pensar mal. Suena hipócrita decir que no se patrocine los informativos, para no condicionar las noticias, y se mantengan como accionistas mayoritarias a empresas tan relevantes como Telefónica, Planeta, Prisa, Vocento, la Iglesia Católica, etc. Al frente de cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos influyentes, en los que nunca estas empresas tienen malas noticias o noticias comprometidas. Todo es maravilloso o genial en el devenir de sus accionistas: no tienen conflictos, no hay sospechosa de prácticas inmorales, no hay problemas económicos por lo gestión de las mismas.
Si un periodista le paga su empresa (cadena-ser, la cope, El mundo, Antena 3, Telecinco o El País) ¿va a sacar una noticia comprometida para los dueños de esas empresas informativas? No, no lo creo.
Aquí el utópico me reverbera y digo, desde la más absoluta ignorancia, por qué no se obliga a que las empresas informativas “serias” sean cooperativas, con un tope de acciones muy pequeño por persona (sin la posibilidad de que otra empresa pueda ser propietaria de ninguna acción), con las decisiones tomadas en asambleas y las líneas marcadas democráticamente por sus cooperativistas. Y hay experiencias en España: la cooperativa Mondragón, donde el 90% de los trabajadores industriales son cooperativistas (Fagor, Eroski).
No sé, lo digo por decir, no sé por qué me hago ilusiones, si este mundo está construido sobre una cadena de favores.
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