Hombre en construcción: Bendita Incomodidad

lunes, 20 de julio de 2015

Bendita Incomodidad

Si pudiéramos elegir ¿elegiríamos siempre lo cómodo? ¿Lo que no tenga riesgo? ¿Lo que no nos altere? ¿Lo que no cambie el estado de nuestras cosas, aunque algunas de ellas no estén a nuestro gusto? O tal vez deberíamos ser un poco valientes y atizar el brasero de nuestra conciencia diciéndole ¿De qué tienes miedo?Claro que la incomodidad no nos gusta, especialmente si es impuesta, pero pudiera ser que la incomodidad nos enseñara mejor como avanzar en nuestras metas. Una de las incomodidades que que más mala imagen tiene es el fracaso. Y se entiende por fracaso quien intenta una de sus aspiraciones y no lo consigue por factores ajenos e imprevistos, por falta de preparación para aquello que deseábamos o por que otra fuerza mayor nos lo ha impedido: esto no es un fracaso. El fracaso es no levantarse después del tropiezo. Pues bien, cuando aceptas esta incomodidad somos criticados por aquellos que no salen de su comodidad, de su seguridad. Que admiten ser unos simples y que nunca tendrán el atisbo de un sueño rondando por su cabeza.
A las personas que han caminado por la incomodidad saben que no hay color, que la incomodidad te da la satisfacción de comprobar que estás vivo y que puedes cambiar aquello que desees cambiar, sin que por supuesto dejes ni un minuto de caminar por la incomodidad. Dijo Freud: que daba gracias a la vida porque nada le había resultado fácil.
Mi pequeño consejo personal es que cuando iniciéis el primer paso de las dificultades, de las incomprensiones, de los enfados y las malas caras, hagáis dos cosas. Primera: hacerse a la idea de que lo que pretendéis es como correr una marathon que va a durar toda la vida. Por tanto, hay que marcar un ritmo y no tener prisa. ¿Tenéis algo mejor que hacer que ser vosotros mismos? Como dijo el sabio: los demás puestos están todos cogidos. Segundo: aprovechar el placer, la alegría, la relajación. Desconectar. Por unos minutos disfruta de la piscina, del abrazo de amor, de la comida con seres queridos, del paseo, de la canción que escuchas en la radio, de contemplar (y descubrir) que hay peor que tú: te lo aseguro. Luego... justo antes de conectar, mírate a un espejo, sonríe y di en voz alta: yo puedo, toda la energía está dentro de mí.
Bendita incomodidad

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