Hombre en construcción: Parecer o ser

miércoles, 12 de febrero de 2014

Parecer o ser

¿Qué importa más parecer o ser? Yo diría que impera la moda de esconder tus sentimientos por miedo a que mostrándolos se aprovechen de ti habiendo descubierto tus debilidades. ¿Pero acaso no somos personas imperfectas con sentimientos sencillos como los de todos? ¿De qué esconderse? ¿De atreverse a decir lo que los demás tienen miedo de hacerlo? Ya se que hay gente que te desprecia o te vilipendia resaltando aquellos puntos débiles en los que tu carácter flaquea; puntos que tienen exactamente igual los que te critican. Pero como ellos se los callan.

Por este razonamiento parece obvio que deberíamos callarnos, viviendo en un mundo de enigmas andantes, extraños desconocidos y zombis sin vida... que contar.
Y creo yo que todo se reduce al parecer o al ser. Nos han educado para esperar el reconocimiento de los demás; porque solo vale que el prestigio te lo den los demás, que la gloria te la den los demás. Y para que eso se produzca es imprescindible que rompas tu coraza, tu armazón con el que proteges tus debilidades y muestres aquello que quieres que sea alabado, reconocido, premiado. ¡Ah, claro! Entonces se nos plantea un problema insoluble, que es el de parecer: quiero parecer mejor profesional en mi trabajo de lo que me considero (o me consideran), quiero dar a entender que tengo más experiencia, más conocimientos, más cariño por una pareja o por un hijo. Que soy más fiel a un ideario político, más consecuente con lo que de mí se espera. Quiero aparentar que me cuido más de lo que en realidad me cuido, que me preocupo más de lo que en realidad me preocupo por las cosas importantes. Es entonces cuando aparece el miedo, el miedo a que te descubran que no eres más, al contrario que eres menos, bastante menos de lo que aparentabas.
Dos cosas deberíamos saber antes de adentrarnos en el desconocido mundo de nuestro carácter: que hay muchos pareceres y muchos seres dentro de nosotros. Que no somos una sola imagen ni una sola palabra ni una sola idea. Qué equivocados estamos si decimos de alguien: es escritor. Yo añadiría y es padre, amante, amigo, hijo, vecino, ingeniero, peón de albañil, lector, hermano, tío, cuñado, corredor de fondo, estudiante y hombre. Y en cada una de estas facetas tenemos la dualidad de parecer y de ser a la vez.
Hay no obstante un puñado de personas que solo pretenden ser, que su objetivo en la vida es ser aquello que desean con todo su alma; para los que el aparentar no existe... en realidad se esconden como los que solo piensan en aparentar. ¿Os imagináis que se pudiera dar que un medico especialista en cáncer de pulmón fuera un fumador empedernido? Si nos ponemos en el caso de una persona con una elevado sentido de la ética personal que quisiera mostrar lo bueno de su elección de vida ¿no tendría que aparentar que respeta esa ética que pregona? No me imagino un escritor que no fuera tan ético como los personajes que utiliza ni un deportista que no cuidara su cuerpo como debe ser.
Solo se nos ha enseñado a parecer, por miedo a reconocer que somos imperfectos, débiles y sujetos a los sentimientos y las opiniones de los demás. Se nos ha enseñado que la culpa y la responsabilidad de nuestros fracasos la tienen quienes no reconocen nuestras habilidades. Y que la vida nos debe mucho. Cuando deberían habernos enseñado a ser y, respetando la ética, a aparentar eso que somos o queremos ser. Porque no se puede separar ser algo y aparentarlo.
Se suele decir del artista que nos fijemos en su obra y no en su vida, que su vida se esconda, que no se conozca, que solo se hable de su obra. Esto que podía parecer un acto de humildad, a mi me parece un acto de apariencia, de refractar la vida del personaje de la ética de su obra. ¿Habría que despreciar entonces su obra? No, desde luego que no. Pero había que mostrar a la vez lo mezquino, despreciable o impresentable de su vida. Queremos hacer mitos de los conciudadanos que destacan, cuando son como nosotros, tiene nuestras miserias, tienen nuestras mismas necesidades, y si son felices no lo son por lo conseguido sino porque intentaron ser lo que querían ser. No somos niños que hay que escondernos la realidad de lo que nos rodea, si se nos ha educado en la apreciación de los valores éticos de la vida: humildad, respeto e inconformismo.
Dice un antiguo dicho que la mujer del Cesar no solo debe ser honrada sino además parecerlo. Para vivir con un poco de tranquilidad debemos intentar ser lo que nos emociona, y no importarnos aparentar que lo estamos intentando. No debiera ser una vergüenza mostrarnos como somos.

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