Hombre en construcción: Maldito Tiempo

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Maldito Tiempo

El tiempo es un tramposo. Cometimos hace muchas lunas el error de medirlo, de calcularlo, sin que se tuviera necesidad de ello, sin que para nuestra existencia aportara algo que la enriqueciera. Las tareas necesarias para vivir se sabían cuando correspondían por el clima, por el paso de aves, por la vuelta de otras aves, por la aparición de insectos, por las horas de luz, por la inclinación del sol, por el transcurrir de los ríos, de las olas, por el cambio en la vegetación, por la aparición de los frutos. Estábamos cansados y dormíamos, teníamos hambre y comíamos.
No necesitábamos medir las horas, los minutos, los segundos; ni tampoco las semanas, los meses, los años, y medir las cosas por tiempo nos llevó a calcular en función de esas medidas. Y estas premisas nos llevaron a encasillar, a encorsetar y fijar nuestras tareas en función de un momento. Por la mañana se hace una comida media, al mediodía fuerte y por la noche floja. Dormimos por la noche, porque por la mañana tenemos que ir a trabajar.
Y cualquier día llegas a la conclusión de que ya no tienes tiempo para hacer algunas cosas; porque está calculado lo que te queda para morir, para que se acabe el día o la semana, para que se acabe el contrato fijado en tiempo; porque la ilusión no alarga los días y el sueño no acelera la marcha, solo el tiempo es inflexible e intangible. Pasa y ya no estás.
Por eso he decidido que no voy a pensar en tiempo. Cuando me proponga una tarea, el cálculo será el trabajo: me quedan doscientas páginas –más o menos– para terminar la próxima novela. Necesito encontrar un personaje que contrarreste al malo que acabo de descubrir. Me quedan 1234567 besos que darle a mi pareja, y no tengo prisa en cumplirlo, porque tengo todo el tiempo.

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