Hombre en construcción: Todo es mentira

jueves, 27 de octubre de 2011

Todo es mentira


A veces tengo la duda de si dedicar mis esfuerzos a sofisticadas descripciones del arte a través de mi experiencia personal, retratando las vivencias que la vida me trae o dedicarme a terrenalidades más comunes, porque vivimos, y nadie puede huir de ello, inmersos en un mundo incisivo que nos exige respuestas continuas para subsistir.
Y aquello que me aleja de esa atalaya de cristal creativa es la mentira; no la ignorancia, no la estupidez (que no merece esfuerzo combatirla), no la necesidad que tienen algunos de diferenciarse porque pudieron leer algún libro, sino el sofisma.

Todo es mentira, no es una afirmación negativa. Es una reflexión donde pocas cosas pueden salvarse de no ser etiquetadas así. Claro que hay que diferenciar a los que mienten a sabiendas; cínicos por naturaleza que ni se ruborizan cuando desmenuzan sus entrenadas palabras, de que les parece mal que ha Gadafi le hayan linchado sin juicio, y que a su vez brindaron por el asesinato premeditado y buscado de Bin Laden, con alevosía y nocturnidad e intención de no respetar la vida humana ni de llevar a juicio a ese asesino. De aquellos otros que la mentira se la creen, o la construyen, desde desinformaciones muy bien elaboradas.
El santa sanctórum es que un periodista no puede (o no debe mentir). ¿Acaso un periodista es libre para criticar a un ejecutivo o a una empresa que es dueña del periódico o la cadena de televisión donde trabaja? ¿Acaso un periodista puede criticar la actitud de cualquier político cuando el mismo se ha “alineado” en esa corriente política? No digamos de aquellos que se dicen periodistas y son opinadores salvadores de patria, que la esencia del periodismo no ha llegado a conjugarse nunca en su cabeza.
Dicen que la crisis es culpa de los bancos, ¡pero los políticos se dedican a salvar bancos!, a condonar deudas (Grecia) a otros políticos más torpes que ellos. ¿Y por qué no me perdonan a mí y a tantos hipotecados la mitad de nuestra deuda? Por una razón muy sencilla porque no son nuestros votos quienes les ponen en sus puestos de representación, son los millones que aportan entidades financieras y empresas que después les serán devueltos vía obras e inversiones públicas. Nos gobierna el consejo de administración de un holding banquero-empresarial y nos gestiona un gobierno de la Unión Europea que no ha sido elegido por ninguna persona con voto alguno.
Todavía tiene la desfachatez, el cada vez más impresentable José Bono, de contar lo siguiente: dice que se acercó a un grupo de personas pertenecientes al movimiento 15-M y les preguntó si consideraban que el Congreso de los Diputados representaba a los españoles, dice que le contestaron que no. Entonces este individuo se atreve a decir que no quieren, el 15-M, la democracia. Esto, como diría un profesor, es el ejemplo de un sofisma; dicho en español llano una mentira como una catedral. ¿Cómo se puede decir que el 15-M no quiere la democracia si es la esencia de su funcionamiento: las asambleas para decidir?
Lo que no ha querido entender Bono, porque no le interesa para no perder su poltrona, es que cuando le dicen que no se sienten representados por el Congreso de los Diputados, no es por lo que representa de democracia ejercida por los ciudadanos, sino que aquellos que allí se encuentran no son representativos del sentir y del sufrir de su movimiento, 15-M. Que ha movilizado en unos meses, en dos días de manifestaciones, a millones de españoles.
Dicen que la culpa de la crisis la tienen los bancos, y ¿quién es responsable del despilfarro de los gobiernos (estatal, autonómico y municipal) siempre orientado a ganar las elecciones, sin importarles quien va a pagar ese despilfarro; y que ha generado la colosal deuda que ahora no pueden pagar y nos quieren recortar servicios para pagarla? Ellos, los que elegimos pero no nos respetan.
Para muestra un botón.
Haciendo unos presupuestos en un ayuntamiento mediano, se le pide al concejal del mantenimiento urbano que reduzca el presupuesto para poder ahorrar entre todos los departamentos algunos millones. Éste, ni corto, ni perezoso, reduce a la mitad el dinero dedicado a reponer bombillas de farolas. Cuando el subordinado (funcionario responsable) le pregunta que cómo hace eso. El electo del consistorio le responde que no hay problema: cuando llegue el mes de Julio diremos que se han fundido más de la cuenta y que hay que ampliar el presupuesto de bombillas. Con eso —le dice el funcionario— no ahorraremos nada, al contrario, al ir comprando en partidas pequeñas las bombillas serán más caras. El concejal le miró, como se mira a un crío que no alcanza a comprender la vida, y le espetó: que quieres que me enfrente al alcalde, faltan unos meses para empezar a preparar las listas de las próximas elecciones.
Todo en esta sucedánea democracia es mentira, es necesario que se Islandice Europa: que vaya al banquillo el presidente del gobierno de España, y de las autonomías que despilfarran (todas), y de los ayuntamientos con déficit abusivos (todos). Que se cree, más que una Constitución, un código moral, de trasparencia y buena gestión administrativa. Y que se haga responsable al político que haya autorizado una mala gestión a que pague con sus bienes y si no con la cárcel; que hagan juzgados exclusivos al control administrativo.
Tal vez todo sea mentira, pero sabemos cuál es la verdad.

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