Parece que fue ayer, que el movimiento conocido como 15-M empezó a deambular por las plazas, por los informativos, por las cabezas de todos, incluso por el miedo de algunos; pero... es que fue ayer.
Hace un mes de esta espontanea reacción ante el descrédito de los políticos y sus políticas, ante el decadente sistema político donde las normas y las dificultades las tienen los ciudadanos normales y los otros, los que ostentan todo el poder: políticos, bancos y medios informativos, campan por el territorio devastado que han dejado ellos, sin rendir cuentas, sin tener el pudor de esconderse, sin recatarse en aprovechar para pescar en río revuelto. El gobierno está desligitimado y sigue gobernando, los bancos (causantes de la crisis) ganan 8.000 millones de euros —esto solo el Santander, la bajada de sueldo de los funcionarios ahorraban 1.500 millones—, la oposición queriendo ocupar todo el poder haciendo leña del árbol caído, y los medios informativos rindiendo cuentas a su cuerda ideológica.
Les ha faltado tiempo en este mes para que estos tres poderes encuentren pestes que echar, queriendo con ello venirnos a decir: son cuatro críos anti-sistema, no son tan buenos ciudadanos como dicen, no saben lo que piden. Esto, sólo, sin leer nada más, sin saber nada más, sin reflexionar nada más, me lleva a la conclusión de que el movimiento 15-M ya ha triunfado, es inexorable en su avance, su espíritu nunca morirá... hasta que no haga falta.
Pero sólo ha pasado un mes. Qué esperan que sean perfectos, que cumplan con aquello que nunca ven en nuestros personajes públicos: respeto, decencia y dignidad. En todo caso se les podrá acusar de ser demasiado “entusiastas”; pero es que todos quieren minarles, hundirles, desacreditarles. Por eso se les acusa de ser violentos, cuando siempre esa violencia o viene de la policía o viene de grupos infiltrados pequeños y al margen de ellos. Por eso se les acusa de ser guarros, cuando sus campamentos estaban perfectamente organizados en este tema. Por eso se les acusa de críos, cuando la media de edad está entre los veinticinco y los treinta años y con nivel alto de estudios. La conclusión es muy sencilla: se les tiene miedo. Al contrincante político se le puede acusar de “más” corrupto que tú, a ellos no. Al competidor comercial bancario se le podrá acusar de abuso de poder y prácticas desleales, a ellos no. Al periódico con otra “sensibilidad”, se le podrá acusar de izquierdas, de derechas, de neo-liberal, de sensacionalista, pero a ellos no... aunque no les dejan de poner etiquetas: de extrema izquierda, anti-sistema, los del botellón, porreros, inadaptados, cómodos. Incluso alguna mente pensante —aunque no se sabe cuando piensa— les acusa de ser como Hitler o Franco. ¡Abrase visto!
Decía una canción de hace unos años: “malos tiempos para la lírica”, y como un presagio la cantaba un grupo que se llamaba Golpes Bajos. Y eso es en realidad la revolución española del 15-M: una revolución lírica. Es una revolución ingenua, que está aprendiendo a toda velocidad —¡sólo hace un mes!— qué es la política real; reclaman democracia real a una clase política que no es democrática en el respeto de las minorías y el respeto a los ciudadanos que gobiernan. Asumen con una intención cuasi infantil reivindicaciones que se necesitaría empezar de nuevo a construir la sociedad. Pero es que eso es una revolución, no se trata de levantarse y pegar tiros: ser violento es muy sencillo. La revolución es pacifica, sólo puede ser pacífica, porque otra revolución no existe. La revolución es cambiar en nuestra actitud ante la sociedad, y lo que han hecho todos los poderes —reales o de facto; intelectuales y sesudos opinólogos— frente a este movimiento es defender sus estatus de poder, de influencia, de visibilidad; o de descarado oportunismo.
No obstante, hagamos un ejercicio de duda dialéctica. Si no apoyamos el movimiento 15-M, que alternativas tenemos: ¿algún grupo político quiere o puede cambiar esta situación? ¿Los Emilio Botín y compañía van a ayudarnos a salir de la crisis? ¿La Intelectualidad informativa está dispuesta a defender o adoptar una crítica real de la descomposición de la democracia? Ustedes sabrán que respuestas dan.
Yo, como mi pequeña aportación, digo:
Si ellos no nos dejan soñar, si el tiempo es sólo la medida de esclavitud, si el espacio de libertad es inversamente proporcional a la longitud del brazo que me ahoga, si el amor sólo quieren que lo entienda en forma de consumo, si mi vida es la planificación de su negocio. Si ya la primavera no huele, el otoño no es entrañable, el invierno frío y el verano ardiente; si las palabras no quieren que tengan significado, si las ilusiones es de ser estrella televisiva, si la sociedad no existe nada más que para salvarlos de la quiebra, si no tenemos nadie que nos represente. Pues eso, si nos nos dejan soñar, no les vamos a dejar dormir.
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