Hombre en construcción: No a los toros, así

lunes, 20 de septiembre de 2010

No a los toros, así

     Nunca he visto un espectáculo en los toros, nunca he visto una emoción, un arrojo o una valentía. Sólo la medida calculada de parecer que el animal y el hombre están en igualdad de condiciones, y eso es mentira. No sólo es mentira porque el animal no sabe dónde va, ni le permiten otros atributos que los que la naturaleza le ha dado, y el hombre se dota de muchos medios, además de… muchas trampas. Si no porque la fiesta no es tal y es tramposa.
    Al toro se le “prepara” para la corrida, se le escoge por sus condiciones para el mejor lucimiento del torero, se le encauza para que el espectáculo triunfe. Es todo falso.
     Naturalmente que no quiero que al torero le pase nada, pero si queremos ver un espectáculo “animal” ahí está el ciclismo: durante seis horas montados en una bicicleta, con calor o frío, lluvia o viento; subiendo puertos que ni andando conseguimos coronarlos. No creo que nadie quisiera que algún ciclista muriera de un infarto o tuviera una grave lesión para mayor beneficio del espectáculo. El goce está en la capacidad de esfuerzo y la habilidad de regular tus fuerzas para conseguir llegar el primero a la meta.
     ¿Dónde está la gracia de un animal que no sabe que va a morir, que le “drogan” para que sea la faena perfecta, que le castigan durante la lidia para restarle fuerzas y reflejos, que se desdicen en su respeto a su esencia cuando le acuchillan repetidas veces si el diestro no es hábil?
     Nunca me han gustado los toros y no tengo una especial aversión a esta fiesta tradicional, eso sí, respetar las tradiciones no tiene que significar seguir haciendo barbaridades. En la antigua Roma la diversión era echar cristianos a las fieras, que previamente las tenían días sin comer, y hemos evolucionado. Durante la edad media existió el derecho de pernada: el disfrute de la hembra en la noche de bodas por parte del señor feudal si lo deseaba. O el permiso para tener hijos que se solicitaba en el Reino Unido, origen de la palabra FUCK: Fornication Under Consent of the King. Los tiempos cambian y la moral de la gente también. Si deseamos respetar la naturaleza, si estamos concienciados del derecho de la mujeres a que no exista discriminación, si nuestra orientación sexual no debe ser impedimento para nada, si el origen de las personas no significan que no tengan derechos y que sean eso, personas, si pensamos en proteger a los niños de los diversos abusos que sufren, si la vida empieza a ser lo más importante que tenemos y no solo lo que producimos, si, en suma, queremos la felicidad para nosotros y para todo aquel que nos rodea. ¿Por qué esa felicidad tiene que ser a cambio del sufrimiento innecesario de un animal en una falsa fiesta?
     Supongo, y lo digo con el mayor de los respetos, que la fiesta de los toros debería cambiar, evolucionar, adaptarse a los tiempos. En un principio no se hacía así y se ha modificado con el paso de los años. ¿Por qué no ahora? Enrocarse en posiciones intransigentes no sirve para nada, al final se tratara de fuerza y no de tradiciones, se tratara de dinero y no de cultura, se tratara de enfrentamientos y veleidades y no de felicidad, que es para lo que debe servir una fiesta.
     Que la fiesta taurina avance en el sentido que el animal no sufra y no muera en la plaza, eso es lo que pido. Porque no seamos hipócritas: matamos miles de animales de forma industrial para alimentarnos.

1 comentario :

  1. Hola, Enrique:
    Bienvenido al mundo de los blogs. Muy buena entrada, reflexiva y con garra (como todo lo que escribes).
    Un abrazo,
    Merce.

    ResponderEliminar